lunes, 23 de febrero de 2009

Flores

Guatemala, país de la eterna primavera, por Dios que sí! En la primavera es la época en la que retoñan las flores, los frutos maduran y el ambiente es fresco y despejado. Es mi época favorita, bueno después de la época fría de noviembre y diciembre.


Yo sé que la ciudad es un rompecabezas de concreto, un manicomnio en el que los locos dirijen los "cuerdos" (Aló EMETRA), pero a ésta ciudad no la cambio por nada. Aún con sus drenajes tapados en el invierno, las calles llenas de baches y túmulos, el perfecto caos que se forman en sus intersecciones, y es perfecto, no creo que en ningún otro lado se le pueda hacer réplica.

Su mezcla de arquitecturas tan eclécticas, casas deco al lado de una fachada neo-clásica en la Zona 1, los murales en el Banco de Guatemala y la Muni junto a edificios tristes y simples como Finanzas, los hormigueros de gente en paradas de buses como El Guarda, Pamplona, la 18, La Terminal, etc.

De acuerdo, no suena tan bonita, pero ni adornándola con sentido figurado o palabras sobrebuscadas. Pero hay algo en ella que me encanta: las calles pintadas con colores que nos anuncian que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Las jacarandas adornan y alfombran mis calles, en particular, la Avenida Castellana, cruzando en la 5ta. calle y siguiendo hasta la Reforma para de nuevo llegar al Obelisco y luego mi destino final: Avenida Las Américas. Y es tanto mi deleite que, lo juro, el tránsito se abre ante mí, como si fuera el Mar Rojo ante Moisés, el ruido de afuera, se enmudece y hasta puedo oír a las alondras cantar, el smog y polvo, se vuelven suaves aires de campo, y luego, regreso de mi pequeño viaje cuando se le ocurra a algún taxista sacar a conversación a mi mamá, a todo pulmón. Cualquiera sabrá que es una ruta exageradamente larga e innecesaria para alguien que viene de las colonias de la Roosevelt, pero no es de todos los días... es un pequeño placer que me doy de vez en nuez.

Aún no hemos llegado al clímax floral de la ciudad, pero de igual manera que en el sexo, el preámbulo se goza más.